lunes 21 de diciembre de 2009

EL CUADRADO MÁGICO

Uno de los palíndromos más famosos de la historia es el llamado “cuadrado mágico” o “cuadrado de Sator-Arepo”. Es un misterioso palíndromo cristiano escrito en latín que fue visto por primera vez en las ruinas de Pompeya y que posteriormente ha sido hallado en numerosas tumbas y templos cristianos desde época romana y por toda Europa, desde Inglaterra hasta Hungría.
Está formado por cinco palabras de cinco letras cada una, las cuales se pueden leer palindrómicamente en cualquier dirección.

En el año 1881 se publico el Kholer’s historical survey, la obra más importante y seria acerca del cuadrado Sator-Arepo. Desde entonces se ha abierto un intenso debate donde los más prestigios investigadores de la arqueología moderna han intentado descifrar el significado de este “cuadrado mágico”, sin embargo todavía nadie ha podido averiguar la solución definitiva. El significado podría oscilar entre oraciones aparentemente sin ningún tipo de importancia, como "El sembrador tiene ruedas para el trabajo" hasta frases místicas del tipo "El creador tiene las inestables claves de su Obra". Sabíamos que la frase entera era capicúa; pero además todas las letras iniciales, leídas consecutivamente, forman la primera palabra, todas las letras segundas, la segunda palabra, y así sucesivamente. Esto funciona también al revés: la última letra de la última palabra, seguida de las últimas letras de la cuarta, tercera, segunda y primera forman otra vez SATOR; con todas las penúltimas letras se forma de abajo para arriba otra vez AREPO, etc.

Además, las palabras que forman este cuadrado son igualmente misteriosas. La palabra TENET es también palindrómica, y las demás son parejas bifrontes: SATOR/ROTAS y AREPO/OPERA.
Por si esto fuera poco, Félix Grosser di Chemnitz descubrió en 1926 que con las letras del palíndromo pompeyano se escribe dos veces PATERNOSTER, cruzando las dos palabras sobre la N central. Otra teoría más es la que mantiene que uniendo con líneas las cuatro O y las cuatro A, queda una especie de cruz cuyos brazos vendrían a ser el Alfa y el Omega.




Implantan por primera vez a una leona lentes de contacto


- Había nacido con cataratas y no veía a dos palmos más allá de sus narices
- Le han puesto nas lentillas intraoculares realizadas especialmente para ella
- Una vez concluída la operación su capacidad de visión será del 90%


Los leones tienen tan desarrollado el sentido de la vista que los expertos calculan que su capacidad de visión es cinco veces más aguda que la de los seres humanos. Pero siempre hay excepciones.
Elsa, una joven leona de 15 meses que en estos momentos se encuentra en un zoo privado de Roma, era una de esas raras excepciones. Era prácticamente ciega. Hasta que hace unos días se convirtió en la primera leona del mundo con lentillas.
Nacida con cataratas congénitas en los dos ojos, Elsa no era capaz de ver a dos palmos de sus narices. En la selva, con esa discapacidad, directamente no habría sobrevivido. Habría caído en las fauces de un cocodrilo, habría sido arrollada por una manada de bisontes o habría sido víctima de cualquier otro peligro del que sus ojos cegados no habrían logrado alertarla. Por no hablar de los problemas infinitos que habría tenido para cazar...

Sin embargo, Elsa nació en cautividad. Y, cuando sólo tenía seis meses, fue adoptada por Roberto Caroli, un domador italiano de leones que se la llevó al Circo Orfei, uno de los más conocidos del país trasalpino. Pero en seguida se hizo patente que la leona tenía problemas. No sólo se mostraba agresiva con los humanos sino también con sus semejantes. Y apenas comía, por lo que su peso estaba por debajo de los 100 kilos en lugar de los 135 habituales.
Los veterinarios no tardaron mucho en diagnosticar lo que le ocurría: veía tan poco, que no era capaz de saber si se encontraba o no en peligro. "Visitamos a Elsa por vez primera en septiembre. Estaba aterrada y nerviosa porque apenas veía nada", explica Nunzio D'Anna, un veterinario oculista de 42 años que se mostró conmovido ante la situación de la leona y decidió ayudarla de manera desinteresada. El problema es que para devolver la vista a Elsa había que someterla a una intervención nunca antes llevada a cabo en un león.
Para empezar había que operarla de cataratas. Pero, además, era necesario ponerle unas lentillas intraoculares realizadas específicamente para ella. "En el mundo, ya hay leones que han sido operados de cataratas. Sin embargo, esta es la primera vez en la que además son implantadas unas lentes de contacto", subraya D'Anna.

Una compañía de Berlín, 'Acrivet', fabricó las lentillas, con una potencia de 30 dioptrías. Y hace unos días, la leona fue operada en una clínica veterinaria de Roma. La intervención se llevó a cabo en dos sesiones que concluyeron con éxito. "Todo ha salido perfectamente", certificaba Adolfo Guandalini, otro veterinario oftalmólogo que ha colaborado en la operación a Elsa. "En realidad, desde el punto de vista técnico no ha sido una intervención especialmente difícil", sostiene Nunzio D'Anna.
Elsa está ahora recuperándose de la operación, de la que se repondrá completamente transcurridas unas tres semanas. Pero ya a las dos horas de la misma podía ver. Cuando concluya todo su capacidad de visión será del 90%. "Ya se comporta como cualquier joven leona y es mucho más confiada", afirma Daniel Berquiny, responsable del zoo privado en el que se encuentra Elsa y que abandonará en un par de meses para regresar al circo.

sábado 19 de diciembre de 2009

CUATRO TOMOS DEL QUIJOTE DE 1819 Y OTROS TEXTOS, EN LA CÁPSULA DEL TIEMPO

Cuatro tomos del año 1819 del Quijote, un libro de la vida de Miguel de Cervantes y otras publicaciones, como textos legislativos, manuscritos y varios paquetes con objetos sin identificar es el secreto que ocultaba la cápsula de 1834 encontrada el pasado lunes bajo la primera estatua de Madrid erigida en honor de un civil.

Los objetos han sido presentados por el vicepresidente regional y consejero de Cultura y Deporte, Ignacio González, que ha subrayado el "extraordinario estado de conservación" de la caja al estar sellada e impregnados los documentos con una especie de insecticida. Según González, se trata de "uno de los hallazgos más importantes de urnas de esta naturaleza".
La urna contiene también un ejemplar del Estatuto Real para las Cortes del Reino de 1834 y un Diario de Aviso de Madrid de ese mismo año, que envuelve un libro calendario manual y guías de forasteros, editado en la Imprenta Real y que es una "fuente inestimable para conocer la organización administrativa y política" de la época al ser una "guía de carácter oficial".
Además, en su interior había asimismo seis láminas de 1831 con retratos de personalidades de la época, como Isabel II o Manuel Martínez Vaerla, quien costeó el monumento de Cervantes, y ocho pequeños paquetes envueltos en papel y que continúan cerrados.
La urna contiene al igual ediciones de la Gaceta de Madrid, precedente del Boletín Oficial del Estado. La mayoría de los objetos estaban envueltos en un Diario de Avisos, periódico de entonces. En el texto más destacado se podía leer "El jueves a las 5 de la tarde...", curiosamente la hora a la que fue abierto el cofre este jueves.

El hallazgo, un cofre de plomo herméticamente sellado, se decubrió con motivo de las obras que está realizando el Ayuntamiento de Madrid en el entorno de la Plaza de las Cortes.
La Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid autorizó el lunes al Consistorio a extraer la misteriosa 'cápsula del tiempo', que se trasladó al Museo Arqueológico Regional, donde hoy ha sido presentada después de que los técnicos la abrieran el jueves por la tarde.
Los restauradores del laboratorio comprobaron al abrir la tapa con un cúter térmico que había otra caja de vidrio encajada en el interior donde se guardaban los documentos. Los técnicos abrieron ese caja con un sistema de bisagra en el lateral.
Bajo la estatua de Isabel II ubicada en Ópera se encuentra una caja similar, que no ha sido extraída. Esta 'cápsula del tiempo' contiene varias monedas, diarios de la época y una copia del acta de la ceremonia de la instauración de la estatua, entre otros objetos

martes 15 de diciembre de 2009

LA «CÁPSULA DEL TIEMPO» DE CERVANTES

En la Plaza de Las Cortes, las obras han sacado a la luz el antiguo pedestal de la estatua de Cervantes y en su interior se ha localizado una «cápsula del tiempo» que data de 1835. El miércoles podría abrirse la caja y desvelarse el misterioso contenido.


Los aledaños del Congreso se han convertido en un lugar inhóspito. Los madrileños que se acerquen por la zona, si no desaparecen antes en alguna de las trincheras abiertas por el Ayuntamiento, se toparán con un paisaje casi bélico. Los leones que custodian el Parlamento, enjaulados, invisibles, embalados en grandes cajones de madera, parece que aguarden al camión de la mudanza que les traslade a un destino mejor. Frente a ellos, en la Plaza de las Cortes, la estatua de Cervantes luce una figura más triste que nunca. Oculto a la vista. Forrado, cual fantasma, por decenas de metros de tela impermeable con la que intentan salvaguardarlo de los avatares de la faraónica obra que desde hace meses colapsa la Carrera de San Jerónimo (un nuevo aparcamiento subterráneo para el Congreso).


Hacen bien en preservar al bueno de Cervantes. No en vano se trata de una las más curiosas y valiosas joyas escultóricas de la Villa y Corte. Tallada y fundida por Antonio Solá (Barcelona, 1782-Roma, 1861) y erigida en el ya lejano año de 1835, casi en el mismo lugar en el que ahora se encuentra. De estilo neoclásico, con toques que anuncian el ya inminente romanticismo, se trata de la primera estatua instalada en las calles de Madrid dedicada a un escritor. Aún más, es la primera que en la Capital sirvió para homenajear a un personaje histórico no perteneciente al clero, la milicia o la realeza.
Una escultura que, ya que es temporalmente invisible, podemos analizar con la visión que un afamado estudioso y crítico, Salvador Betti, ofrecía en un reportaje de Antonio Díaz Cañabate publicado en ABC en 1952: «Tiene en la mano derecha un lío de papeles, muestra de un literato; la izquierda descansa sobre el puño de la espada, en prueba de su profesión militar y nobleza de sus antepasados y para ocultar la imperfección de esta mano, Solá ha tenido la singular idea de cubrirla con un pliegue de la capa...».

Contenido misterioso

Pero no es este el único tesoro que se oculta en el destrozado jardincillo de la plazuela. A pocos metros del momificado Cervantes, unos grandes bloques de piedras se han convertido en los guardianes del secreto mejor guardado en el último mes y medio en Madrid. Allí, a mediados de octubre, los movimientos de tierra que completaba una excavadora toparon con lo que a todas luces asemejaba el viejo pedestal de una estatua. Avisados, los arqueólogos de la obra determinaron que era la antigua base de la escultura de Cervantes que, en alguna pasada y olvidada modificación urbanística, fue cambiada de lugar apenas una veintena de metros. Su basamento primero quedó así oculto.

La gran sorpresa

Pero la gran sorpresa surgía en el interior del pedestal. Una loseta rectangular de unos 20x10 centímetros con una pequeña argolla en el centro invitaba a escrudiñar en el escondrijo. Al izar esta tapa se encontró una caja de granito y, como en un juego de muñecas rusas, dentro de ella una segunda arqueta de madera noble, ésta muy deteriorada, atacada por humedades y xilófagos (carcomas y otros bichejos aficionados a este material), y que, a su vez, albergaba un tercer recipiente. en esta oportunidad de plomo, herméticamente cerrado y sellado. Se trataba de un inesperado y asombroso legado del pasado. Un apasionante salto atrás hasta 1835. Lo que en la actualidad desde más o menos los años sesenta del siglo XX se denomina «cápsula del tiempo» y que entonces, en el primer tercio del XIX, no era más que la primera piedra. Sin embargo, desde unos años antes había empezado en Inglaterra y Francia la costumbre de incluir en esa losa fundacional algún recuerdo o mensaje para la posteridad.
Creen los especialistas que, muy probablemente, se encuentran ante una de las primeras, sino la primera, «cápsula del tiempo» instalada en nuestro país. Y, en la misma medida, valoran que bien pudiera ser también la primera ocasión, al menos en Madrid, en la que se localiza y se abra una de estas misivas de nuestros antepasados.

Pero qué contiene esta misteriosa caja. Esta cuestión se ha convertido en el gran asunto de especulación en los pasillos y recovecos de Las Cortes y entre aquellos, muy pocos, que conocen la existencia del tesorillo. Localizada la cápsula fueron advertidos los responsables de las obras en el Congreso y en el Ayuntamiento. Asimismo, de acuerdo con el protocolo, se informó a la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad, que decidió que se protegiera el hallazgo con geotextil, una tela impermeable blanca. Se volviera a enterrar y que no se abriera la «cápsula» hasta que no se decretase qué especialistas se podían encargar de la cuestión. Se inició así, hace aproximadamente un mes, un concurso para designar a los restauradores encargados. Ya se conoce quienes serán los responsables de limpiar y preservar el contenido. Y se sabe también que el miércoles, o a lo más tardar el jueves, seguramente en presencia de algún representante consistorial —se rumorea que podría acercarse el mismo alcalde—, y del Congreso, tal vez Bono, se procederá a la extracción de la caja y, tal vez, si los técnicos lo permiten, a lo que llaman la «apertura técnica» del tesoro.

Descubrimiento intacto

Aseguran que nadie conoce lo que esconde. Que el descubrimiento ha permanecido intacto, tal cual como el día en que se realizó y, desde entonces, cubierto y sepultado. Tampoco existen antecedentes que aporten una idea aproximada de lo que se puede encontrar. En la primera cápsula del tiempo conocida con ese nombre, la que se sepultó en los cimientos de la que luego sería la Exposición Universal de Nueva York se incluyeron objetos de uso cotidiano como una bobina de hilo, una muñeca y otros como un frasco de semillas o un microscopio. Cualquiera sabe, pero no tiene porque ser muy distinto lo que nuestros ancestros decidieran introducir. Pudiera ser un Quijote de la época, unas monedas, un viejo periódico o, teniendo en cuenta de que en ese periodo reinaba en España la regente María Cristina de Borbón, bien cabría la posibilidad de que se hallara en su interior algún recuerdo de su difunto esposo, Fernando VII, fallecido dos años antes.